Miscelánea Traductora: Revisión de la calidad en la traducción, la teoría del Skopos e imposibilidades de la IA

Hace no mucho tiempo, por cuestiones didácticas, leí un artículo titulado “La revisión y otros procedimientos para el aseguramiento de la calidad de la traducción en el ámbito profesional” por Silvia Parra, traductora e intérprete de larga docencia, en el que se esbozaban y se comprobaban algunos preceptos que rigen la práctica profesional del traductor inmerso en el mercado de la traducción certificada/profesional. Luego de capturado mi interés por cuanto se hablaba de algo sobre lo cual tenía una experiencia empírica, procuré revisarlo y analizarlo a detalle, y, motivado por ello, resultan las presentes líneas.

Recuerdo, como si fuera ayer, lo que reiteraba uno de mis supervisores a nosotros, los traductores, de manera muy frecuente y a viva voz: “Chicos, esto no se trata de una competencia, no busco premiar al mejor traductor, lo que quiero de ustedes es una traducción funcional”. Muy probablemente, a priori, esto pareciera ser una práctica que no linda con la ética profesional porque, en el fondo, lo que quería el supervisor era rapidez y “eficiencia” en detrimento de la calidad. Asimismo, lejos estaba yo de saber que lo dicho por mi supervisor tenía un fundamento teórico, que evidentemente es cuestionable; pero que se trataba de algo de amplia aplicabilidad y que lo sigue siendo actualmente en el mercado de la traducción profesional o certificada: la teoría del Skopos.

La autora, en resumen, habla del funcionalismo a nivel de revisión o control de calidad. Tal cosa parece ser un asunto del que se habla poco; la razón de fondo, quizás, es porque tal pragmatismo podría ser cuestionable y, por ende, se podría cuestionar la labor del traductor que la pone en práctica; sin embargo, quienes son entendidos y han adquirido cierta expertise en el asunto saben de antemano lo que ello conlleva y, dependiendo del profesional, saben cómo ejecutar tal revisión. La autora afirma, y en ello concuerdo, que en un entorno real sería muy complicado hacer una revisión didáctica (la orientada a formar a un traductor y donde se justifica cada corrección) por cuestiones, sobre todo, de tiempo.

Por muy cuestionable que sea el asunto, la revisión pragmática (funcional) es una práctica que única y exclusivamente la podría llevar a cabo el traductor humano. En ninguna circunstancia, ni con el mejor de los prompts, se podría hacer tal cosa con la IA. Este es un hecho que parece ser controvertible, pero que valoriza nuestra labor como traductores. De ello emerge otra reflexión: que la práctica empírica no siempre nos mejora como traductores; podríamos incurrir en el mismo error una y otra vez, pero, como la parte en la que fallamos no es sujeta a una revisión exhaustiva, persistimos en el error. Por ello, sería conveniente, de vez en cuando, revisar nuestras traducciones, recogiendo muestras y verificando cómo podríamos mejorarlas y mejorar, asimismo, nosotros como traductores profesionales.

Así, lo que resulta en la práctica y lo que se dice en la teoría, como en la mayoría de las profesiones, tienen relación; de esto no queda duda. Sin embargo, como pareciera ser para una vasta cantidad de oficios, el empirismo se impone ante cualquier precepto o teoría, y prueba de ello es la traducción profesional (traducción certificada), y que de vez en cuando es bueno recordarlo y recurrir a quienes están en una práctica constante.

Una cosa muy personal que suele ocurrirme hasta la fecha, quizás a diferencia de traductores más actualizados, es traducir desde cero y sin consultar ningún traductor automático ni ningún software de por medio; esto, sobre todo, cuando noto que el texto podría prestarse a más de una interpretación. ¿Acaso debiera ser esta una constante recurrente en tales situaciones? Creería, intuitivamente, que sí. Sucede a menudo que, ya adentrándonos en lo que se dice en un texto, muchos de los títulos y subtítulos no se corresponden con su cuerpo; la incorrespondencia es muy palpable. Y esto es verificable en varios documentos, desde contratos hasta documentos que se emiten con premura por la urgencia del requerimiento. Ante tal situación, el traductor debe intermediar cambiando tales títulos y subtítulos; es decir, hacer una “mejora” del texto antes de someterlo a la traducción, otra cuestión en la que la IA aún debe mejorar.

Asimismo, existen ensayos de personas que postulan a becas cuyos textos carecen de lecturabilidad; es decir, hay tropiezos para una lectura fluida. Existen incluso casos, así como sucede en el discurso oral, en que existen las palabras “disfraz”. A lo que me refiero con esto es que, aun cuando una palabra podría representar mejor la idea de lo que el autor quiere transmitir, quien redactó tal texto optó por una palabra o frase diferente que dista de lo que realmente quería decir; en pocas palabras, “disfraza” el verdadero sentido. Este, sin duda, es uno de los ejes centrales que son difíciles de abordar por la IA y en el que se impone el traductor humano con su capacidad de discernimiento y análisis. Considero que se trata de un tema amplio y sobre el que deberían haber más reflexiones y valoraciones.

Agradezco mucho a quienes llegaron hasta aquí leyéndome, será un gusto poder seguir siempre en contacto con ustedes. Un abrazo de traductor.

Gino Luca

Traductor certificado N° 0648, con más de 10 años de experiencia en traducción de rubos especializados como el técnico, comercial, financiero y legal. Docente universitario comprometido con la excelencia académica.

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